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21 de abril de 2012

YPF: KIRCHNER Y MENEM SIEMPRE EN LA MISMA VEREDA

cmSiempre se dice que al peronismo no se lo puede analizar con la lupa de una ideología, porque es pragmático y opera en base a conseguir el poder o a mantenerlo. Las privatizaciones pueden ser el mejor ejemplo para demostrar esta regla no escrito pero siempre respetada. Juan Domingo Perón estatizó, pero cuando los fondos escasearon empezó a abrirle el juego al capital privado con los contratos petroleros a la Standard Oil. Carlos Menem fue el rey de las privatizaciones y cuando comenzó el proceso muchos lo criticaron diciendo que iba en contra de los preceptos básicos del legado del General.

El matrimonio Kirchner no se apartó de la línea, en los noventas fueron grandes lobbystas en pos de la privatización de YPF como declaró Eduardo Menem en Contrapunto por FM Identidad 92.1. Sin ir más lejos en 1992 Oscar Parrilli, Secretario General de la Presidencia y diputado por aquellos días, fue el miembro informante en favor de la privatización. Ahora Cristina Fernández de Kirchner lanzó la expropiación del paquete accionario de YPF en manos de Repsol y Carlos Menem en el Senado ya avisó que va a votar a favor. “Voy a ir a votar al recinto y voy a apoyar la estatización de YPF”, anuncia el Senador Carlos Menem, sin importar las críticas porque dice que “cambió el escenario”.

Kirchner y Menem siempre estuvieron de la misma vereda. Es el famoso pragmatismo del peronismo que hace que la Argentina se haya convertido en un país zigzagueante, contradictorio e impredecible. Los privatistas de ayer son los estatistas de hoy y en el futuro podrán volver a mutar si las condiciones lo ameritan. Siempre existirán aquellos que explican lo inexplicable, que creen erróneamente que con este procedimiento pueden borrar los hechos; que siempre tienen el mal gusto de aparecer para poner de relieve sus contradicciones. Los que aplaudieron la privatización son los mismos que hoy aplauden la estatización como si fuera un acto de liberación del imperialismo español. En ambos casos, Menem y Kirchner lo disfrazaron de una decisión estratégica en favor de la soberanía y del federalismo; ahora la Presidenta hace algo parecido pero en sentido contrario.

Eduardo Menem no quiere polemizar con la posición de su hermano, que en cualquier momento saldrá a criticar al menemismo y a la década de los noventa. “Yo creo que tiene que seguir siendo privada pero con un control estatal, que no es lo que se hizo en estos últimos 9 años. Al Gobierno se le ocurre esto ahora porque llegó a una situación de ahogo total de importar combustible. Se llega a esto porque dejaron que las empresas hagan lo que quieran. Cuando se privatiza, lo importante es el marco regulatorio del Estado. Ellos dejaron de controlar y metieron amigos en la empresa como los Eskenazi. Qué garantía tenemos de que el Estado, que no pudo controlar vaya a ser mejor para gestionar?”, declara el ex senador, que curiosamente critica al kirchnerismo con los mismos argumentos que se criticaba las privatizaciones impulsadas por su hermano: la falta de control estatal. Al menos el hermano Eduardo se mantiene coherente con su pensamiento de aquellos días.

Néstor Kirchner gritaba en sus discursos que él no tenía nada que ver con el menemismo entreguista. “Cuando la Presidenta dice que a Kirchner le hubiera gustado recuperar la soberanía de YPF, hay que recordar que Kirchner fue uno de los que vendió las acciones de YPF e hizo una buena diferencia. Las compró a 19 dólares y las vendió a 41, y después se llevó la plata. Si realmente hubiera tenido esa intención se hubiera quedado con las acciones”, recuerda Eduardo Menem.

Domingo Cavallo fue quien le aconsejó a Néstor Kirchner que compara acciones de YPF, porque iba a ser un excelente negocio. Cavallo no se equivocó y Néstor amasó una pequeña fortuna que sacó del país y que todavía es origen de muchas polémicas.

“El error de Repsol era que no invertía en Argentina. sacó todas las ganancias fuera del país y por eso estamos así”. No es Axel Kicillof el que habla o algún funcionario del gobierno, aunque estas palabras bien podrían estar en boca de alguno de ellos. Es Carlos Menem que justifica su voto positivo a la expropiación de YPF. Un pequeño detalle, fue Carlos Menem que en 1999 le vendió YPF a Repsol y Kirchner también le vendió el 5 por ciento de las acciones que tenía Santa Cruz.

YPF es un gran ejemplo de contradicción, hipocresía, falsa ideología e imprevisibilidad que trasuntan otros campos también. A lo largo de su historia la Argentina ha ido de fracaso en fracaso, las privatizaciones y las estatizaciones también son prueba de ello porque nunca se persigue un fin genuino ni se toma una decisión estratégica en serio. No hay un rumbo de fondo, no lo tuvo el menemismo tampoco el kirchnerismo. Pero hay algo que es constante el empobrecimiento del país, mientras tanto todos aplauden, los mismo aplauden  y el pueblo sigue comprando espejitos de colores que esta vez no los venden los españoles sino esos “conchetos” que invierten en Puerto Madero.

1 de noviembre de 2010

EL KIRCHNERISMO POST KIRCHNERISTA

CFKLos interrogantes se agolpan, se acumulan y se superponen. Hay análisis interesados y otros verdaderamente directamente alejados de la realidad. No pocos dejaron deslizar que la desaparición de Néstor Kirchner redundaría en que la Presidenta empezara a gobernar como ella realmente quería, casi como si en todos estos años hubiera sido una especie de rehén de su marido0 que no la dejó ser quien verdaderamente es. Otros ensayan una hipotética reunificación del peronismo ahora que el antagonista de los peronistas que rompieron lanzas con el kirchnerismo ha desaparecido. Es probable que no suceda ni una cosa ni la otra y estas aseveraciones queden reservada para el mundo de los deseos.

Cristina Fernández no era una rehén de su marido, era socia de Néstor Kirchner y entre ambos había un reparto de tareas en la que Néstor se había quedado, principalmente, con el manejo de la economía y con el armado político. Ahora, el principal desafío de la Presidenta será reunificar todo en su persona, cuestión que no será para nada fácil. El modelo seguirá incólume a nadie puede caberle ninguna duda de ello, las formas seguirán confundiéndose con el fondo y unas y otras cobrarán mayor o menor relevancia de acuerdo al contexto político del momento. La Presidenta ya lo dejó bien claro en las decisiones que tomó en el velatorio del ex Presidente, usó la vara kirchnerista para que no quedaran dudas quiénes son los amigos y los enemigos. La señal fue clara y a ella se sumaron las elegantes expresiones del Canciller Héctor Timerman que con el fanatismo de los conversos no dudó en mandar a la puta que lo parió al vicepresidente Julio Cobos y a Mauricio Macri. Fue una segunda fase que había estado antecedida por el lanzamiento a la reelección de Cristina a través de la cadena noticiosa CNN, garantizando que el mensaje llegaría claro no sólo fronteras adentro de la Argentina sino también al exterior. Nadie seriamente puede pensar que Timerman haría semejante movida sin un guiño que lo autorizó.

La Presidenta necesita mantener la mística y transmitir que sigue siendo alternativa de poder, independientemente que compita o no por un nuevo periodo, si no quiere que su gobierno se debilite. En este sentido también debe dar señales claras hacia las entrañas del Peronismo y allí deberá asumir la jefatura política del partido y demostrar que tiene las riendas del poder. Kirchner podía darse el lujo de ser el presidente del Justicialismo sin ser el Presidente de la Nación porque él y su mujer eran vistos como una unidad política, por eso el gobierno de Cristina Fernández no se debilitaba. Esta situación de excepción terminó y más allá de los cargos ella deberá conducir la estructura partidaria y deberá mostrar rápidamente señales en este sentido. Por esta razón es que en una decisión perfectamente coordinada los voceros prácticamente pusieron en marcha un operativo clamor. saben que no hay tiempo que perder porque en el peronismo los vacíos de poder son ocupados rápidamente.

Tal vez el principal desafío de la Presidenta sea justamente reemplazar a su marido como estratega en el armado político, cuestión en la que ella nunca se metió y siempre desdeñó. No sólo pasa por ocupar el cargo formar de cabeza del movimiento sino también poder ser reconocida como líder dentro de la estructura. No va a ser fácil. En este sentido tal vez haya tres personas que puedan colaborar en esta tarea: el ministro Julio De Vido, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Florencio Randazzo; aunque éste último en menor medida y por supuesto el infaltable Carlos Zanini, secretario Legal y Técnico. Por su parte, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, es una figura más importante de la que parece. No es sólo el funcionario encargado de coordinar la logística de las apariciones presidenciales como se la ha querido hacer ver, Parrilli es el puente entre el gobierno y  las organizaciones sociales. Muchos hablan del rol que podría tener Máximo Kirchner, fundador de La Cámpora, agrupación que cada vez cobra mayor relieve. Hasta el momento no hay nada decidido pero no son pocos los que señalan un rol protagónico del primogénito de los Kirchner al lado de su madre.

La marcha de la economía es una incógnita, no porque haya un debate acerca de los ejes del modelo kirchnerista sino porque el que la llevaba era Néstor Kirchner y Amado Boudou sólo representaba un papel secundario. “Es un tema difícil porque Boudou tiene un equipo impresentable”, explica un miembro del equipo económico de Eduardo Duhalde.

Daniel Scioli ha sido uno de los nombres que más sonaron desde el fallecimiento de Néstor Kirchner junto con el de Hugo Moyano. El gobernador bajó a sus colaboradores una línea clara que consiste en archivar la embrionaria candidatura presidencial que había comenzado a asomar en las últimas semanas. La estrategia es encerrarse en la provincia y desde allí estudiar el panorama. Este es el sentido que hay que darle a las palabras de Scioli cuando dijo que él era sólo el presidente “de hecho” del Justicialismo y no dudó en encolumnarse detrás de la Presidenta. Si hay algo que el gobernador sabe muy bien es como moverse rápidamente acorde a la coyuntura política. Además, aprovechó para hacer una demostración de fuerza convocando a La Plata a todos los intendentes de la provincia. Dieron el presente los barones del Conurbano, los “rebeldes” del grupo de los ocho donde está enrolado Sergio Massa y algunos radicales. Un encuentro para expresar el respaldo a la Presidenta pero también para marcarle la cancha a Hugo Moyano y demostrarle que el dueño del territorio es él. Como se recordará la semana pasada Moyano no pudo reunir los congresales necesarios para reunir al Congreso partidario, mientras que Scioli no tuvo problemas de reunir rápidamente 91 intendentes en la capital bonaerense. La demostración del gobernador fue contundente y demostró que tiene el control del territorio, exigencia imprescindible en el justicialismo para integrar la mesa chica del poder. Ahora habrá que esperar de qué manera Moyano digiere el golpe. Por estas horas, el kirchnerismo trasunta en cómo contener al camionero porque saben que su poder creció más de lo que a muchos les gustaría, tarea que la conoce muy bien Julio De Vido pero que también llevaba adelante Néstor Kirchner. Lo que parece ser una certeza es que sería muy difícil hacer algo en contra de Moyano o sin él, ahora habrá que buscar la manera de contenerlo pero siempre manteniéndolo adentro del redil kirchnerista.

Es cierto que la posición del Peronismo Federal no parece ser la más fácil, porque muchos especulan que desaparecido su principal antagonista debieran empezar a tejer su vuelta al partido o, por lo menos, revisar su estrategia electoral de cara a las elecciones. Ese espacio ya antes del fallecimiento de Kirchner necesitaba un debate interno, algo que a partir de la semana pasada eso se ha transformado en algo urgente. En realidad el Peronismo Federal deberá esperar los próximos movimientos de la Cristina Fernández. Si como muchos sostienen el kirchnerismo dobla la apuesta como ha venido siendo su estilo desde el 2003, el espacio que lidera Eduardo Duhalde, aunque el resto lo niegue, no debiera tener mayores problemas para seguir adelante con el rumbo trazado cuando decidieron pegar el portazo del Justicialismo. Por supuesto, deberá adaptar su estrategia electoral pero en definitiva el oficialismo terminaría siendo funcional a este espacio. En cambio, si el gobierno ensaya una política de apertura y de flexibilización en esa línea que separa los amigos de los enemigos; le será más difícil a los disidentes justificar su permanencia puertas afuera del partido.

Por estas horas hay pocas certezas pero no hay dudas que las próximas horas serán cruciales para que Cristina Fernández comience a dar sus primeros pasos sola, sin contar con quien era su mejor consejero, con su ministro de economía y con el estratega política que se encargaba de cuidar las espaldas del matrimonio presidencial. Hay muchas miradas que se posan sobre la Presidenta y, como en un partido de ajedrez, todos esperan que ella mueva las blancas. Arranca una nueva era política el kirchnerismo sin Néstor Kirchner, es claro que ya nada será como era pero todavía existen muchas incógnitas para saber cómo será.

24 de octubre de 2008

EL GOBIERNO TENIA PLAN B

El matrimonio presidencial cayó en la misma trampa que el peronismo de los ’90, ese que lideraba Carlos Menem y es vilipendiado como lo será el kirchnerismo en unos años. Por aquel entonces el mensaje imperante era que todo lo que manejara el Estado es malo y que la solución sólo estaba en manos privadas. Hoy los Kirchner practican esa misma lógica pero en sentido inverso. En ambos casos las decisiones se encubrieron apelando a un barniz ideológico, y a dejar atrás prácticas del pasado que habían sido las responsables del estado de crisis perpetúo que afronta la Argentina. Siempre en pos de una modernidad que a la postre siempre nos atrasa más. Los unos y los otros invocaron al General, reivindicaron y denostaron al primer mundo, juraron proteger al pueblo –que es el único heredero de Perón- pero sólo fue una puesta en escena. Menem apeló a las privatizaciones sin una visión estratégica del país y de sus consecuencias, y el matrimonio hace lo mismo con la estatización de los fondos de las AFJP. Pero en ambos casos la causa es la misma, tienen que cubrir la caja porque los números no cerraban antes ni ahora. Es sólo eso.


Una vez más la principal política de estado de la Argentina es la falta de previsibilidad, un pecado mortal si lo que se pretende es atraer inversiones productivas y repatriar capitales. Bueno, esto último ya roza más la comedia porque los capital argentinos depositados en el exterior, lo están porque son producto de la corrupción o, justamente, partieron buscando lugares más seguros. Los distintos gobiernos argentinos jamás pudieron aprender que los inversores quieren reglas de juego claras y la política de los bandazos les genera paranoia. Por eso, se derrumba la bolsa española, los bancos consideran a la Argentina en un virtual estado de default, los hermanos uruguayos se quieren cambiar el apellido para diferenciarse, y a esta altura, España no sabe cómo renunciar a la patria potestad.


Catorce años tras nos contaron que la panacea era el sistema de capitalización, comúnmente llamado de jubilación privada, defendido con vehemencia por muchos de los que hoy celebran su re estatización. ¿Por qué creerles ahora cuando les creímos antes? El sistema de capitalización no fue la panacea y quienes se jubilaron no se parecen a los “seniors” que disfrutan de su retiro en la soleada Miami; como mostraban sus avisos publicitarios. Por responsabilidad de los empresarios y del Estado, que como siempre no ejerció el suficiente control, el sistema se desvirtuó. Los fondos de las AFJP nunca estuvieron al servicio de la economía real ni de la producción y sus carteras se llenaron de bonos del Estado, que como siempre, necesita financiamiento para que le cierren las cuentas.


Al igual que con las empresas estatales en la década de los ’90, la dicotomía entre los privado y lo estatal termina siendo falsa. La discusión debe tratarse sobre la gestión, el control y un rol presente y robusto por parte del Estado. Pero en la Argentina se tomó lo peor de los dos paradigmas. Así, cuando los privados asumen el control el Estado desaparece, cuando debiera ejercer un papel articulador entre el capital y el pueblo, protegiendo a este último, otorgando reglas claras a los primeros y seguridad jurídica a todos. A la inversa, la experiencia argentina nos muestra que cuando el Estado toma el control, no busca reclutar un management profesional que gestione eficientemente cualquier organización considerada estratégica y con interés social. En este sentido, un excelente ejemplo lo constituye Petrobrás, tal vez la empresa más importante desde el punto de vista geoestratégico del Brasil, donde el Estado es el propietario del 50 por ciento del paquete accionario. Claro, pero su management está integrado por técnicos y conocedores del negocio y no por empresarios amigos del gobierno o por sindicalistas que hace mucho se olvidaron que representan a los trabajadores. Los resultados están a la vista.


La discusión entre lo privado y lo estatal es anacrónica y sólo sirve para consuman café los de izquierda y el liberalismo retrógrado local. La legalidad, la seguridad jurídica, la eficiencia, las reglas de juego claras, el control indelegable del Estado, el derecho a la propiedad no son patrimonio de estos grupos. Son condiciones básicas que mínimas para que cualquier sistema republicano funcione.


La estatización de los fondos de las AFJP ha planteado una vez más la misma discusión estéril. En 1993, se implementó este sistema para evitar la voracidad del Estado que no se había cansado de diezmar las cajas de jubilaciones. Es decir que todo pasaba por proteger a los aportantes, futuros jubilados. Ahora, uno de los argumentos que más se escucha por parte del gobierno, es que la decisión se toma para proteger a la gente –en algún momento vamos a pedir que dejen de protegernos- para frenar el saqueo de los bancos del salario de los trabajadores. No sería de extrañar que en quince años volviéramos a escuchar a un Oscar Parrilli defendiendo en la Cámara de Diputados una nueva privatización del sistema. Obviamente, con el argumento de protegernos.


La decisión del gobierno de avanzar sobre las AFJP no es ideológica, en cuyo se podría o no estar de acuerdo, pero sería respetable. Además, si fuera así, estaría sustentada por un plan sólido en el que se contemplaran los distintos escenarios nacionales e internacionales. Pero no es así, simplemente se quedaron sin caja y por ello es que diputados del oficialismo, aliados y opositores comenzaron a pedir garantías al gobierno acerca del destino de los fondos. Como en el 2001 se vuelve a hablar de la intangibilidad de los depósitos, porque nadie le cree al gobierno ni siquiera –a esta altura- muchos justicialistas. Todo el mundo le pide al gobierno que aclare que se va a embolsar la plata y gastarla como mejor le parezca, una discusión que en cualquier país civilizado fue superada hace mucho tiempo.


Es claro que el matrimonio presidencial, al igual que con la Resolución 125, no ha previsto la reacción de esta decisión. La Presidenta no se ha cansado de decir que la crisis financiera internacional no encontraba mejor parados que en situaciones similares anteriores, lo cual no dejaba de ser cierto. Sin embargo, el kirchnerismo ha resuelto no privarnos de las bondades de los sufrimientos del primer mundo y ha generado una crisis propia. Los españoles están desesperados porque aseguran que el gobierno, tarde o temprano, desembarcará en esas empresas, especialmente aquellas de servicios públicos merced a la incautación de las acciones todavía en poder de las AFJP. En el mundo, nadie comprende por qué la Argentina está haciendo esto en un flagrante error de oportunidad. El kirchnerismo parece estar llevando al país a un suicidio colectivo y nadie conoce la razón. Una vez más, es probable que éstas no haya que buscarlas en la política. El mundo nos mira azorados, pero al gobierno no le importa qué piense en mundo. La esperanza de los holdouts se desvanece, les duró poco.


La discusión en el Congreso promete ser fuerte y el Gobierno debería prepararse para abrir algún espacio de negociación. Los abogados ya se preparan para los mieles de amparos, que según ellos, presentarán los afiliados a las a Administradoras. Parece una broma de mal gusto, pero hace un año el gobierno abrió la posibilidad para volver al sistema de reparto –el estatal- a aquellos que ya no deseaban permanecer en el privado. En el término de seis meses, lapso que duró el traspaso, 10 millones de argentinos decidieron permanecer afiliados a una AFJP. Su decisión para el gobierno no cuenta, son argentinos de segunda para el kirchnerismo porque no piensan como ellos. De seguro, ello tendrá algún correlato jurídico en el futuro.


Es obvio que el matrimonio gobernante no ha tenido en cuenta las consecuencias de su decisión. A modo de ejemplo, se puede señalar que los fondos depositados en una AFJP son hereditarios, lo que implica que forman parte del patrimonio de cada uno de los afiliados. Condición que perderán una vez que pasen a la gran bolsa estatal perjudicando a su titular y a sus herederos, lo que generará todo tipo de presentaciones ante la justicia. El gobierno tenía Plan B: el saqueo de las jubilaciones.

22 de octubre de 2008

IMPUNIDAD INTELECTUAL

REPUBLICA ARGENTINA

El Secretario General de la Presidencia es Oscar Parrilli, y ocupa ese cargo desde el 25 de mayo del 2003; es decir desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia. La confianza que le dispensa el matrimonio es tanta, que fue uno de los funcionarios que conservó su puesto cuando Cristina reemplazó a su marido.

Trabajador incansable, Parrilli rara vez se retira de la Casa Gobierno antes de las 11 de la noche, y quien lo conozca sabe que el Secretario General es un ferviente defensor del gobierno desde lo ideológico. Parrilli es un soldado y no ahorra energías para defender vehementemente las decisiones de las dos administraciones kirchneristas.

Una de sus principales funciones ha sido, desde el 2003, ser el enlace con las organizaciones piqueteras cercanas al kirchnerismo. Por esta razón, no es raro ver a Luis D’Elía esperando su turno en la antesala de la privada para entrevistarse con el funcionario.


En 1993, Oscar Parrilli ocupaba una banca en la Cámara de Diputados e integraba el bloque Justicialista. A fines de abril fue el miembro informante por el oficialismo del proyecto de ley que había enviado el Poder Ejecutivo –encabezado por eso entonces por Carlos Menem- para reformar el sistema previsional. Una vez que se convirtió en ley ese proyecto fue el que puso en práctica el sistema de capitalización, llamado comúnmente de jubilación privada que el gobierno ha resuelto estatizar tal como ayer anunció la Presidenta. El por ese entonces diputado Parrilli fue un defensor vehemente de la iniciativa, que Cristina ha calificado como parte de una verdadera “política de saqueo”. El hoy funcionario kirchnerista admitió en una entrevista radial que se equivocó y que la realidad el sistema no funcionó como se esperaba. Claro, es difícil saber, utilizando un razonamiento tan simplista, si en diez años Oscar Parrilli no pensará que la decisión que ahora está tomando el gobierno –perteneciente al mismo partido que el de 1993- también pudo haber sido fruto de una equivocación aunque esta vez en sentido contrario.

Es paradójico que Oscar Parrilli haya comenzado su discurso citando Juan Domingo Perón criticando el sistema de jubilación estatal. Probablemente, el kirchnerismo termine acusando a Perón de ser un ariete del consenso de Washington. Es más, Perón, en ese discurso del 30 de noviembre de 1973, dijo: “En 1955 el Estado, acuciado quizás por las necesidades, echó mano de los capitales acumulados por las cajas. Es decir, se apropió de ellos. Para mí, eso es simplemente un robo, porque el dinero no era del Estado, sino de la gente que había formado esas sociedades y organizaciones. Claro que las descapitalizaron... Es decir, se las asaltó, porque fue un asalto." Daría la impresión que si estuviera vivo, el General no apoyaría la iniciativa del gobierno; o al menos tendría sus reparos.


A continuación transcribimos el discurso de Oscar Parrilli, hoy funcionario kirchnerista, defendiendo el proyecto de jubilación privada ideado por Carlos Menem y Domingo Cavallo, los impulsores de la política del saqueo. A fin de evitar cualquier malentendido hemos reproducido con total exactitud la intervención del por entonces diputado Parrilli, no hemos tocado ni una coma. Esto también “está escrito en letras de molde” como gusta decir la Presidenta, cada vez que saca a relucir un archivo con el objetivo de fustigar al periodismo. Al parecer, sus asesores no realizan el mismo trabajo de investigación con sus funcionarios más cercanos.


REPUBLICA ARGENTINA

VERSION TAQUIGRAFICA DEL DISCURSO DEL DIPUTADO OSCAR PARRILLI

Sr. Parrilli. - Señor presidente: deseo iniciar mi exposición -con la anuencia de la Presidencia- leyendo un párrafo de un discurso pronunciado por el general Perón el 30 de noviembre de 1973.

Dijo en ese momento: "No quisimos hacer un sistema previsional estatal, porque yo conocía —lo he visto ya en muchas partes— que estos servicios no suelen ser eficaces ni seguros. Preferimos instituirlos administrados y manejados por las propias fuerzas que habrían de utilizarlos, dejando al Estado libre de una obligación que siempre mal cumple... y las cajas se capitalizaron de una manera extraordinaria."

Siguió diciendo el general Perón: "Bien señores ¿Qué pasó después? En 1955 el Estado, acuciado quizás por las necesidades, echó mano de los capitales acumulados por las cajas. Es decir, se apropió de ellos. Para mí, eso es simplemente un robo, porque el dinero no era del Estado, sino de la gente que había formado esas sociedades y organizaciones. Claro que las descapitalizaron... Es decir, se las asaltó, porque fue un asalto."

Con estas palabras el general Perón describió la situación del sistema previsional argentino en 1973. Desde esa época hasta aquí han pasado varios gobiernos, incluyendo una gestión del peronismo hasta 1976.

No viene al caso buscar hoy a los responsables de esa situación, que si la analizamos en 1993 —es decir, veinte años después— seguro que es mucho más seria y mucho más grave. Y al peronismo, que fue inspirador y creador de ese sistema y que comenzó a instituir la jubilación y el régimen de previsión en la Argentina cuándo éste sólo existía para un pequeño grupo de trabajadores, le toca hoy la alta responsabilidad de asumir lo que el general Perón decía en el sentido de que el toro debe ser tomado por las astas. Entonces, o tratamos de resolver el sistema previsional o seguimos haciendo lo que por lo menos desde el año 1973 a esta parte han hecho todos los gobiernos, lo cual significó aumentar abruptamente —o pudo ser una posibilidad— la edad de las jubilaciones, reducir los porcentajes de los haberes jubilatorios, incrementar los aportes y contribuciones, crear nuevos impuestos, suspender por decreto los derechos de los jubilados, prohibirles la posibilidad de litigar ante la Justicia.

Seguramente habrá muchas otras maneras del asumir la actitud de cambiar el horario a esta bomba de tiempo que desde hace veinte años está por explotar, para que estalle luego en otro gobierno, después de nuestra gestión. Pero hemos asumido la responsabilidad histórica de desactivar definitivamente esta bomba de tiempo, y lo hacemos con orgullo y convicción. Estamos absolutamente convencidos de que la reforma forma estructural del sistema de previsión que hoy proponemos a esta Cámara obedece a estos claros principios de nuestra doctrina y accionar políticos.

Sabíamos muy bien lo difícil que resultaba comprender este tipo de decisiones. Por ello, sin lugar a dudas este proyecto de ley tuvo muchos avatares, y cuando comenzó a plantearse recibió por parte de la gente una respuesta adversa.

Eso fue así porque estábamos proponiendo un cambio estructural. Nosotros mismos, el bloque Justicialista, también tuvimos muchas dudas y nos planteamos varios interrogantes —lo decimos con orgullo— cuando comenzamos a analizar estas nuevas ideas. Pero muchas de esas dudas e interrogantes los fuimos resolviendo mediante modificaciones al proyecto original enviado por el Poder Ejecutivo. Por ello, hoy nadie puede decir que ésta es lisa y llanamente la jubilación privada, que esto es entregar un negocio a un grupo económico determinado, que esto significa olvidarse de los actuales jubilados que no se piensa en las nuevas generaciones; todo lo contrario.

Muchas de las observaciones y propuestas que se hicieron en su momento hoy están contenidas en este dictamen de comisión; y en el tiempo que resta hasta la sanción definitiva del proyecto de ley, sin duda alguna habrá otras modificaciones. Ello, porque este bloque Justicialista ha demostrado mediante su actitud que de ninguna manera se cerró frente a las diferentes objeciones o aportes.

Desde la oposición alguna vez se nos dijo: primero trabajen ustedes en la homogeneización de un proyecto, y después propónganlo al resto. Hoy decimos con todo orgullo que la casi tota-lidad del bloque justicialista está detrás de esta reforma estructural del sistema previsional. Eso es lo que está permitiendo —también lo decimos con mucha satisfacción— que esta Cámara esté funcionando y que hoy analicemos este proyecto de ley.

Decía, señor presidente, que teníamos dos posi-bilidades: realizar algunos parches o asumir esta responsabilidad histórica de modificar estructu-ralmente el sistema. Hemos optado por la segunda que sin lugar a dudas es la más difícil. Nos ha exigido a todos estudiar, pensar, consultar y escuchar también la voz de muchos de los que nos criticaban. Y lo hemos hecho pensando siempre que este proyecto de ley de reforma previsional viene a solucionar el problema de fondo. Por eso decimos que de ninguna manera esto es un sistema privado; se trata claramente de un régimen previsional que pone la decisión en la gente y no en nosotros. A nadie estamos obligando a recurrir a una administradora privada ni a ir a capitalizar sus ahorros, sino que estamos dando claramente la opción de seguir en el Estado.

Además de la prestación básica universal y de la prestación complementaria —que fue una de las primeras críticas que recibió este proyecto porque no reconocía los aportes efectuados con anterioridad, lo que hoy se ha logrado—, ahora hemos agregado la opción de que cada uno de los trabajadores diga que quiere hacer. Les estamos ofreciendo la posibilidad de decidir si quiere continuar en el sistema de reparto, donde sin duda tendrá mayor seguridad, o ingresar en un sistema de capitalización individual con la posibilidad de obtener mayor rentabilidad. Dentro de este sistema de capitalización individual tendrá además la opción de elegir una administradora del Estado, privada, de algún gremio, de una cámara empresaria, de una cooperativa o de una mutual, con el derecho de cambiar de una administradora a otra cada seis meses sin tener que pagar por ello -está expresamente prohibido en el proyecto- y elegir aquella que le garantice mayor rentabilidad, le cobre menor comisión o, en definitiva, le proporcione mayor seguridad.

Sr. Martínez Raymonda. — ¿Me permite una interrupción, señor diputado, con el permiso de la Presidencia?

Sr. Parrilli. - Sí, señor diputado.

Sr. Presidente (Martínez). — Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Martínez Raymonda. - Señor presidente: simplemente quisiera que se clarificara algo. Si bien ayer se explicó cómo funciona este sistema, algunos aspectos no han sido remarcados en los últimos minutos. El trabajador tiene libertad para quedarse en el sistema de reparto o entrar en el de capitalización; nada lo obliga, nada lo empuja, salvo el sistema impositivo que vamos a modificar. ¿A quien se queda en el sistema de reparto le vamos a quitar las deducciones por cargas de familia y le vamos a disminuir el monto no imponible?

Sr. Presidente (Martínez). — Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Neuquén.

Sr. Parrilli.-- Señor presidente: la inquietud que plantea el señor diputado la aclararemos con mayor precisión en el debate en particular. No obstante, por el momento quiero decirle que esta modificación del sistema previsional argentino persigue dos objetivos. Uno de ellos es la reforma estructural a la que aludimos, es decir, cambiar este sistema de reparto por otro donde la responsabilidad de cada uno de nosotros y de los aportantes tenga que ver con el haber previsional que corresponderá al momento de la jubilación. En segundo lugar, creemos que ésta es una manera correcta de ordenar el ahorro interno a los efectos de garantizar que esta masa de dinero permita lograr uno de los objetivos económicos de este gobierno, que precisamente es generar un mercado de capitales que nos posibilite crear fuentes de trabajo y financiar inver-siones y crecimiento, porque a partir de esto seguramente será posible solucionar no sólo la situación de los actuales jubilados sino la de aquellos que vayan en el futuro entrando en la pasividad.

Un aspecto fundamental de este proyecto de ley que cabe destacar es que no se le promete a nadie lo que no se puede hacer. No estamos haciendo propuestas demagógicas ni promesas electoralistas; estamos dando un claro mensaje a la sociedad: cada uno de los que aporta tiene que ser responsable por lo que en su momento va a cobrar como jubilación. ¿O acaso no sabemos que hay muchos jubilados que tienen 50 o 55 años, que aportaron durante 10 o 15 años y que a veces lo hicieron por el mínimo, pero buscaron luego alguna ley de privilegio para jubilarse con montos que nada tenían que ver con el aporte efectivo que realizaron? ¿O acaso no conocemos que en nuestras provincias hay muchos profesionales como nosotros que han usado las cajas previsionales, aportando el mínimo y buscando tener en los últimos años salarios altos para después beneficiarse con una jubilación elevada? Es decir que perciben jubilaciones que nada tienen que ver con sus aportes.

¿Qué clase de justicia social es ésta, de sacarle a los de abajo para darle a los de arriba? Esta no es la justicia social que pregonaba el general Perón en 1945 y que instrumentamos con las leyes previsionales. (Aplausos.)

También quiero señalar que en este proyecto que estamos considerando y que nuestro bloque ha modificado, hemos hecho una mejora sustancial del texto enviado por el Poder Ejecutivo cuando elevamos la prestación básica universal. Según nuestro criterio, el Estado sin duda tiene la obligación de atender a los niños, a los ancianos, a los discapacitados y a todos aquellos que necesitan de su protección. Pero asimismo pensamos que en función de decir que los protegemos a ellos, muchas veces lo estuvimos haciendo con aquellos que no necesitaban la protección estatal.

Por eso en la ecuación económica del haber previsional, con este proyecto de ley elevamos sustancialmente los mínimos. Si un trabajador se jubila y al momento de hacerlo está cobrando el salario medio de la economía —por ejemplo 500 pesos— va a percibir un haber previsional muy importante en relación a esos 500 pesos, que sería de aproximadamente un 80 por ciento.

Lo ha dicho el señor diputado Zamora en este recinto y yo sostengo que tiene razón. La CGT defiende los derechos de los de abajo, no los de los de arriba. Y esto es lo que estamos haciendo. Los que cobran sueldos altos tienen capacidad de ahorro y el Estado no tiene por qué garantizarles nada. El Estado tiene que dar una garantía a los que no tienen capacidad de ahorro. Por eso, la prestación básica es elevada y también por eso aparece una prestación complementaria del 1,5.

Aquí han cambiado las reglas de juego; existe una diferencia y es la que estamos planteando. Con la proposición hecha por la CGT de agregar la prestación adicional por permanencia beneficiamos a los trabajadores de menores ingresos y de mayor edad, ya que los de mayores ingresos y menor edad van a tener, con el funcionamiento de este régimen, la posibilidad de contar con una jubilación que no surja de la promesa electoral de algún candidato; o sea que tendrán una buena jubilación en función de lo que aporte cada uno durante toda su vida.

Aquí se dijo también que el Estado se desentiende del sistema previsional y en la realidad es exactamente lo contrario. Con este proyecto hemos mejorado mucho -lo digo con orgullo- al crear un ente regulador, por llamarlo de alguna manera, dentro de una función que el Estado tiene que cumplimentar con mayor precisión y de mejor manera que en el caso de los entes reguladores del gas y de la luz. Posiblemente, en el futuro tengamos que mejorar la redacción de estas leyes.

¿O acaso alguien puede decir con total honestidad que conoce la receta sobre cómo hay que organizar la nueva política económica que estamos llevando adelante? Si alguien la tiene, sinceramente se la recibiremos con todo gusto para tomar de ella todo lo que sea posible.

Por ello en esta ley, cuando creamos la Superintendencia Administradora de Fondos de Pensión y asignamos funciones a sus responsables, tipificamos los delitos en forma muy severa. Hay propuestas para que reduzcamos las penas, pero no lo queremos hacer, porque ese ente que va a tener la función de fiscalizar a la administradora del Banco Nación y a las administradoras privadas, en caso de que éstas realicen acciones tendientes a perjudicar a los fondos de pensión y a la confianza de los trabajadores, no sólo les aplicará multas sino que les revocará la autorización para funcionar. Además, se prevé la aplicación de pena de prisión.

Por primera vez en un marco regulatorio se tipifican como delitos las omisiones y los incumplimientos de aquellos que tienen la obligación de preservar esto que hoy estamos sancionando como ley.

También se dijo que este sistema puede eclosionar y puede suceder como ocurrió con el sistema financiero: que nos saque la plata. Esto de ninguna manera es así. Está perfectamente establecido en la ley y separado el patrimonio del fondo de pensión de lo que es el capital de la administradora, de fondos de pensión.

Por otro lado, en otro momento se señaló que no había garantía del Estado, pero esto tampoco es cierto y está expresamente establecido en la norma. Hay garantías del Estado para asegurar una rentabilidad mínima promedio del 70 por ciento. Esa garantía no solamente está dada por el capital que se exige a la administradora sino también por el Estado. Si esa administradora se funde, el Estado aporta los recursos, pero se trata de una garantía limitada en el monto y el tiempo, para que los argentinos no terminemos pagando los negociados como los que ocurrieron con la patria financiera.

El Estado interviene dándole al trabajador lo que le corresponde y le dice que se busque otra administradora porque la que tenía se fundió, es decir, que le ofrece una garantía durante ese tiempo, que es lo que corresponde.

Hemos mejorado notablemente el proyecto de ley en todo lo relativo a los mecanismos de fiscalización y control. Para los funcionarios que van a tener la misión de controlar a las administradoras hemos establecido pautas objetivas y claras partir de las cuales tienen que resolver los problemas. Eliminamos el término "podrá". Creemos que los funcionarios "deben" hacer tal o cual cosa, "deben" autorizar o no a una administradora, "deben" revocar una autorización o no, “deben” imponer una multa o no. Querernos terminar con la facultad de los funcionarios de utilizar el término "podrá" que puede interpretarse de distintas maneras, a favor o en contra de una persona.

Con estas modificaciones que introdujo el bloque Justicialista consideramos que le damos mayor transparencia a la iniciativa y también mayor garantía y seguridad al funcionamiento del sistema. Hay muchos otros aspectos para remar-car en esta norma, que seguramente serán planteados por mis compañeros de bancada durante el debate en particular.

Para terminar quiero señalar algo que dije ayer. En algún momento nos criticaron por no escuchar las propuestas. Lamentablemente, hoy algunos legisladores están sosteniendo que el bloque Justicialista está modificando el despacho de comisión. Esta situación me recuerda el refrán que dice "palos porque bogas, palos porque no bogas". En definitiva, aquellos que tienen la intención de evitar el tratamiento de esta ley, así como nos criticaron porque no aceptamos las propuestas, hoy nos critican porque estamos modificando el despacho. (Aplausos.)

En esta oportunidad, como en muchas otras en las que dictamos leyes trascendentales para el país, los peronistas estamos trabajando con la firme convicción de que construimos una Argentina nueva. De ninguna manera, aceptamos que estos principios puedan ser patrimonio de alguien especial. A quienes nos critican les decimos con toda humildad: nadie es dueño de los ideales, nadie es dueño de las convicciones y nadie es dueño de los principios. Nosotros también trabajamos por ideales y por principios. (Aplausos).

21 de julio de 2008

SI PERDIMOS...QUE NO SE NOTE

Pocas semanas como la anterior fueron tan traumáticas como la anterior, el espíritu del 2001 se respiraba en todos los rincones. Había vuelto un fantasma. La situación sólo descomprimió cuando el gobierno anunció el decreto para “limitar” los efectos de las retenciones móviles, cuyos considerandos son más parecidos a un manifiesto político que argumentos para fundar una norma. No es cierto como se dice allí que el Congreso no pudo arribar a una solución de la cuestión. El pronunciamiento fue en contra, esa fue la solución que encontró el Congreso; y lo hizo a través de la figura del vicepresidente.

La salida del secretario de agricultura, Javier de Urquiza, si bien un actor muy menor de esta crisis –que sería reemplazado por Carlos Cheppi, titular del INTA-, es otra señal de que el gobierno acusó el golpe aunque la estrategia sea aparentar que no pasó nada. En este contexto, el gobierno planea hacer varios anuncios: aumento del salario mínimo, aumento de las asignaciones familiares y movilidad de los jubilados. Dar vuelta la página, y mostrar un gobierno que con la gestión puede barrer el conflicto políticos en que se haya sumido desde el jueves a la madrugada. Por caso, una anécdota demuestra que la estrategia del “no pasó nada” está vigente. El jueves por la mañana un diputado le envió un mensaje de texto al Jefe de Gabinete preguntándole cómo estaba. Alberto Fernández respondió: “Todo bien”.

¿Qué va a pasar con Kirchner? Esta es la pregunta que se hace todo el mundo. Los optimistas imaginan que a partir de ahora, Néstor Kirchner se abocará únicamente a los temas de justicialismo y pasará a ocupar un discreto segundo plano, dejando el centro de la escena a la Presidenta. Esos mismos son los que hacen disquisiciones sobre las diferencias entre matrimonio. Tal vez, todos se engañen y los efectos de la crisis no les deje apreciar con objetividad la realidad. Néstor y Cristina están juntos desde hace 33 años, siempre se entendieron y han formado una sociedad política que hasta el traspié con el campo siempre había resultado ser eficaz. Es posible que Néstor Kirchner a los ojos de la opinión pública disminuya su exposición, pero es difícil pensar que su influencia sobre su mujer, que casualmente es la Presidenta, se reduzca al mínimo. De todos modos, los cambios en el gabinete que se producirían en breve serán una buena señal en este sentido. El viernes el mediodía circulaba un fuerte rumor que reemplazante de Alberto Fernández podría ser el senador Daniel Filmus. Un dirigente mesurado que cree en la búsqueda de consenso, aparentemente la Presidenta habría aceptado ese cambio. Guillermo Moreno no puede continuar dentro del gobierno, su continuidad quedó sellada con el desempate de Julio Cobos. Moreno se convirtió en el emblema de una forma patotera de gobernar, que además resultó ser ineficiente porque los precios siguen aumentando. Si verdaderamente, Cristina Kirchner pretende relanzar su gobierno Moreno no tiene razón de ser.

Cleto es la estrella del momento. Su popularidad creció y un sondeo telefónico realizado al día siguiente de su histórico voto hablaba de un 75 por ciento de aprobación. Cobos no pudo volver a Mendoza con un avión de la presidencia, el secretario general Oscar Parrilli se lo negó como para hacerle sentir que el Operativo Siberia estaba en marcha. Cleto se subió a su auto y comenzó un peregrinaje triunfal a su Mendoza natal, parando en cada pueblo donde fue recibido como un héroe. Poco inteligente la decisión de Parrilli, gracias a la cual Cleto parecía Julio César volviendo a Roma luego de haber conquistado las Galias.

Para el kirchnerismo el caso Cobos es cosa juzgada y quiere obligarlo a renunciar en no más de 45 días. Así, empezaron a utilizar la misma estrategia que en su momento no sirvió para apartar a Daniel Scioli del mismo cargo. Los hombres del vicepresidente están siendo alejados de los cargos que ocupaban en el Poder Ejecutivo. De ahí, la insistencia de Cleto de anunciar en su operativo mediático de 48 horas que no iba a renunciar. Lo repitió en cada una de sus apariciones. Néstor Kirchner, por estas horas, no ve nada mejor que mandar a pintar “Cobos traidor”. Una estrategia de barrio que demuestra, una vez más, que el ex presidente no lee con certeza la realidad. El radicalismo se entusiasma con Cobos, aunque en público sus principales referentes no lo admitirán. Piensan que la decisión del vice devuelve a la UCR al papel protagónico de la política. Cleto deberá demostrar que tiene las espaldas anchas para resistir la embestida de sus antiguos socios, que promete ser constante y salvaje.

Los bloques parlamentarios del oficialismo se parten y la situación más complicada reina en diputados. Felipe Solá, por estas horas también considerado un traidor, disparó: “nos vamos a juntar y nos vamos a hacer respetar”. En Senadores la situación no es muy distinta. Es claro, que el gobierno ha perdido en cuatro meses una importante cuota de poder que amasó durante cuatro años. Después de un ostracismo de cinco años, daría la impresión que el Congreso no volverá a ser la escribanía personal del matrimonio presidencial. La próxima prueba para el kirchnerismo es el envío de la re estatización de Aerolíneas Argentinas.

El kirchnerismo empieza a acusar el golpe del revés de las retenciones móviles a cuentagotas, mientras Eduardo Duhalde planea sembrar el país de locales de su Movimiento Productivo Argentino; verdaderas unidades básicas encubiertas. Jorge Busti hablará esta semana allí y ya está anotado el chubutense Mario Das Neves. La ambulancia duhaldista parece no tener respiro. El peronismo disidente arma y mide fuerzas mientras dentro del kirchnerismo las facturas no dejan de pasarse. De esta manera, Néstor Kirchner deberá delinear una estrategia para revalidar su título de mandamás del justicialismo porque a este paso puede quedarse con una cáscara sin contenido.


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